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Nacida
en Francia en 1960, vive actualmente en Sant Celoni
(Cataluña).
Astróloga
desde hace más de 17 años.
En
1990, inicia su labor docente e imparte cursos de
astrología y simbología hasta la actualidad.
Publicaciones de artículos sobre estos temas
en diversas revistes, participación en varios
programa de radio y colaboración en un programa
de televisión de TV2 (La Tabla redonda).
Desde
el año 1996, organiza talleres teórico-prácticos
sobre el Mandala en varias comunidades españolas.
En
1993, es co-creadora de
L'EIXAM–
“Centre de Tècniques corporals i Activitats
holistiques” – en Sant Celoni (Associació
cultural desde 1996), centro en donde se organizan
consultas, conferencias, talleres y seminarios sobre
temas relacionados con la salud holística,
el proceso evolutivo del individuo, y el desarrollo
armónico de las personas y de las sociedades.
La Asociació edita, desde el año 1998,
una revista (trimestral en sus inicios y semestral
hoy en día): l´eixam alternatives de
vida i pensament.
Actualmente,
y desde el año 1999, coordina grupos de mujeres
– talleres mensuales en Sant Celoni (a L´Eixam)
y quincenales en Barcelona (Llibrería Próleg)
– en los que propone una atenta lectura compartida
del libro de la psicoanalista junguiana Clarissa Pinkola
Estés “Mujeres que corren con los lobos”,
destacando la aplicación práctica y
cotidiana de estos mapas de “instrucciones”
que son cada cuento, compartiendo recuerdos, sueños,
experiencias, y fomentando los recursos creadores
de cada participante. Estos grupos favorecen el restablecimiento
de unas redes-entre-mujeres, propiciando la sanación
de numerosos aspectos heridos de la psique femenina,
así como la recuperación de la “voz
propia”, haciendo posible un dialogo más
consciente y atento con el mundo interior y una actuación
más eficaz en el mundo exterior.
En
la actualidad, está escribiendo un ensayo sobre
astrología, y preparando un libro de traducción
de diversos textos y ensayos del poeta-pensador escocés
afincado en Francia, Kenneth White.

Entrevista
para la revista OtraBCN , realizada en 2002
LA
TIERRA Y LA ENERGÍA FEMENINA
“Tanto los animales salvajes como la Mujer
Salvaje son especies en peligro de extinción.
En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo
se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza
femenina instintiva. Durante largos períodos,
ésta ha sido tan mal administrada como la fauna
silvestre y las tierras vírgenes... A lo largo
de la historia, las tierras espirituales de la Mujer
Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas
se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto
obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para
complacer a los demás.
No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza
virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida
que se desvanece la comprensión de nuestra
íntima naturaleza salvaje.”
Clarissa Pinkola Estés
Otra BCN ¿Qué
tipo de conexiones podemos establecer entre el título
temático de este número de la revista
“La Tierra y la energía femenina”
y el trabajo que estás realizando en los talleres
con mujeres a partir del libro de Clarissa Pinkola
Estés “Mujeres que corren con los lobos”?
¿Podrías especificarlas?
Muriel
Chazalon
Quisiera iniciar esta entrevista con el párrafo
con el que Clarissa Pinkola Estés abre su libro,
porque en él restablece una conexión
entre el arquetipo de la Mujer Salvaje, la propia
energía del planeta Tierra, la naturaleza salvaje
y el arquetipo de lo femenino. La doctora Estés
teje aquí una red fundamental para entender
de dónde nace y a dónde apunta el arquetipo
de la Mujer Salvaje. Hoy en día, no podemos
hablar de nuestro planeta, de la energía femenina
o de la naturaleza salvaje, sin relacionarlo con la
crisis ecológica que estamos atravesando. Esta
etapa crítica implica un profundo cuestionamiento
sobre el lugar y la función del ser humano
en la naturaleza. No es casualidad que desde el prisma
de la cultura patriarcal se haya vivido la naturaleza
como algo que podemos explotar, conquistar, o saquear...
ni que el pensamiento dualista que fundamenta los
sistemas patriarcales nos haya llevado a la visión
del entorno natural salvaje como algo hostil del que
debemos defendernos. Dichos enfoques conllevan actitudes
represoras hacia todo lo “salvaje” y lo
femenino: la opresión de la mujer a lo largo
de la historia desde hace casi 5000 años, la
represión psicológica de lo femenino
tanto en hombres como en mujeres, y el hecho de que
la naturaleza salvaje del planeta desaparezca paulatinamente,
son todas consecuencias desastrosas de un sistema
patriarcal llevado a su límite. Hay un enlace
muy importante entre estos hechos. Quizá haya
que volver a un “pensamiento de la relación”,
es decir salir, por fin, del pensamiento dual, separador
– yo aquí y el mundo allá. Algo
que ya está ocurriendo en muchos ámbitos.
Las propuestas de recuperación y desarrollo
de antiguos enfoques o perspectivas “relacionistas”
están irrumpiendo de nuevo con fuerza, paralelamente
al ecofeminismo, a la necesidad de cuidar de la Tierra
y de desarrollar tecnologías respetuosas con
el entorno, al pluralismo cultural y, a nivel científico,
a la emergencia de una conciencia de la interrelación
de todas las formas vivas sobre el planeta.
Clarissa
desarrolla a lo largo del libro el arquetipo de la
Mujer Salvaje que, según plantea, es la salud
de lo femenino – no sólo está
en las mujeres, sino que participa también
de la naturaleza, de la vida salvaje del planeta –
es una energía de vida fundamental con la que
es necesario vincularnos de nuevo, que hay que sanear,
curar y recuperar, porque sin una sana conexión
con este arquetipo lo Femenino está en peligro
de extinción, y nosotras/nosotros con él.
La
Mujer Salvaje, como fundamento de lo femenino, tiene
una relación muy estrecha con lo que es la
vida natural, la vida salvaje, la vida en conexión
con los ciclos naturales. Hoy en día, en nuestra
sociedad, el concepto de “salvaje” está
percibido, peyorativamente, como algo descontrolado,
caótico e irracional que hay que domesticar
y atar, algo que nos provoca angustia y miedo. Sin
embargo, Clarissa entiende por “salvaje”
aquello que vive una existencia natural, en total
armonía con la sabiduría de los ciclos
instintivos y naturales, capacitado para auto-subsistir,
auto-organizarse, y viviendo de manera íntegra
y auténtica la propia naturaleza en relación
con los procesos vitales. Al relatar su propia vida,
pone el acento sobre el hecho de haberse criado en
la naturaleza. Para ella, el retorno a los bosques,
a la vida natural, implica una conexión con
lo más profundo, bello y sano que hay en nosotras.
En ello trabaja a lo largo de todo el libro. La vuelta
al bosque, no sólo en un sentido metafórico
sino como un aprendizaje esencial y vital, implica
un aprender a cuidar del planeta, de los ciclos de
energía, tanto a nivel psíquico como
afuera en el mundo exterior, implica recuperar la
sabiduría de lo “no-civilizado”,
y un espacio de libertad en el que sentirnos verdaderamente
vivos, gozosos. Ir al bosque es ir al encuentro de
la naturaleza salvaje, vincularnos con los ciclos
sabios y profundos del cuerpo, de la Tierra, y, de
alguna manera, salir de lo convencional, de lo intelectual,
de la opresión social que llega a matar cualquier
germen de sabiduría, ahoga, desvirtúa
o nos aleja del saber de las propias experiencias
vitales. El libro incita a “volver al bosque”
como una oportunidad de salir de la maquinaria excesivamente
socializada que nos quiere aplanar, uniformizar, que
nos tiene atrapados, desconectados del instinto, de
la sana intuición, del sentimiento, de las
sensaciones... Esto es terrible. Nos sentimos encarcelados
dentro de un mundo ya cerrado, organizado, en cuanto
a que no deja paso a lo nuevo, a lo espontáneo,
a lo genuino. En este sentido ir al bosque es volver
a nuestra naturaleza profunda, a una vida ritmada
por ciclos naturales integrados en un todo mayor,
volver a ser parte de un todo, de otros organismos
que también participan del nuestro. Es muy
hermoso y necesario volver a tomar conciencia de estos
enlaces, de la mutua interrelación, volver
a tejer esas redes… pienso que se está
haciendo, que otra visión del mundo está
emergiendo, en la que el despertar de la mujer tiene
un papel muy importante.
OtraBCN
¿Cómo ves a las mujeres en
este momento?
Muriel
Por lo que he podido apreciar en mí,
primero, y en las mujeres con las que estoy trabajando
en los talleres, parece claro que las mujeres estamos
despertando, que estamos en camino, “haciendo
camino al andar” como diría el poeta,
tanto en el sentido físico como psicológico,
empezamos a andar nuestro sendero, a rehacer nuestra
propia vida.
Creo
que las mujeres somos, por un lado, sanadoras de espacios
saqueados y, por otro, exploradoras de territorios
que están emergiendo. La identidad de las mujeres,
al no estar ya únicamente circunscrita a la
maternidad, a la crianza de los hijos, al cuidado
del hogar, a ser ama de casa y esposa, se está
ensanchando, y se está ampliando la percepción
de su ser. Al habernos emancipado de un imperativo
social muy restringido, impuesto por una sociedad
patriarcal que ha denigrado lo femenino, despreciado
o idealizado o temido a las mujeres; al haber dejado
de construir nuestra identidad siguiendo criterios
ajenos a nosotras mismas, hemos podido despertar a
nuestras verdaderas necesidades, a otra manera de
pensar, de sentir, de percibir y de situarnos en el
mundo. Pero todo esto, claro, ha desestabilizado las
relaciones entre hombres y mujeres, familiar y socialmente
hemos entrado en crisis, y lo que hasta ahora habían
sido los roles establecidos del hombre y de la mujer,
están siendo, hoy en día, fuertemente
criticados, revisados, y cuestionados.
Pero
esta “nueva libertad” para las mujeres
ha provocado, también, un cierto desamparo,
miedo y angustia, porque ya nada es seguro y lo que
antes nos aportaba cierta seguridad, ya no nos es
válido en términos de crecimiento o
de realización personal - nos encontramos entonces,
a menudo, frente a un vacío, a una pérdida
de referencia, una desorientación que es fuente
de mucha angustia, desazón y congoja... Estamos
como en tensión entre lo viejo ya caduco y
lo nuevo que todavía está emergiendo.
Es una época muy difícil para todos
y para todas, pero, ojalá, la gente más
joven lo pueda asimilar de forma más fluida.
Las mujeres que están en este cambio tienen
treinta, cuarenta años y más; las que
tienen quince y veinte años, espero que se
puedan percibir de una forma diferente. Con todas
las dificultades que podemos vencer, con los miedos
que logramos superar, con los abusos que denunciamos,
con los caminos que abrimos, estamos dibujando un
nuevo mapa, diversificado, para las futuras generaciones
y, esperemos, también para las demás
culturas y sociedades.
Creo
que este desfase entre polaridad masculina y femenina
se está empezando lentamente a reequilibrar
(claro que, como todos y todas podemos apreciar, esto
es cierto en algunas culturas más que en otras)-
y esto es muy positivo para las mujeres y para los
hombres, para ambos – aunque, en general, les
es muy difícil a ellos de momento, aceptar
y adaptarse al cambio –. Este desfase, resultado
de la opresión de las mujeres, de la represión
psicológica de lo femenino, conlleva también
la desaparición de la vida natural, de la naturaleza
y de los ciclos naturales. Tal vez, la recuperación
de lo uno repercutirá sobre lo otro. Hay que
trabajar en este sentido, esto, a la larga, será
sanador a nivel global.
Ahora
bien, las mujeres tenemos todavía mucho trabajo
que hacer: a nivel personal, trabajar y sanar sentimientos
como la ira, el enojo, el resentimiento, el miedo
y la culpa, que no se pueden quedar en suspenso. Hay
que articular ese miedo, esa confusión, ese
desamparo. Como también transmite Clarissa
a lo largo de toda su obra, las mujeres tenemos que
recuperar la voz propia. Hablar con y en voz propia
–cantar sobre los huesos, aullar de nuevo- es
esencial en el camino. Recuperar la autoridad para
llevar las riendas de la propia vida. En esto estamos.
A nivel colectivo, hay que sanar todavía numerosas
heridas, abrir muchas compuertas, revelar muchos “secretos”,
proporcionar mucho apoyo, información y ayuda…
Y
así, tal como las mujeres estamos recuperando
la voz propia, trabajando con estos sentimientos de
confusión, de pérdida, de enojo, reelaborando
nuestra identidad, aprendiendo a poner límites
saludables, a tener actuaciones eficaces en el mundo
exterior, los hombres por su lado tienen que hacer
un trabajo consigo mismos: recuperar la capacidad
de sentir, de dejarse tocar y de emocionarse, aprender
a explorar, reconocer, asumir y compartir sus sentimientos.
Esto es parte de su tarea.
OtraBCN
Tienen que hacer el mismo trabajo, recuperar
su parte femenina...
Muriel
Lo femenino como arquetipo se refleja en
muchas situaciones y en muchos niveles de realidad.
Las mujeres lo “encarnamos” de una forma
más visible, más corpórea digamos,
pero los hombres, a nivel psicológico, tienen
la contraparte femenina con la que tienen que reconciliarse,
deben conocer, recuperar e integrar esa parte femenina.
Y eso tiene que ver con aprender a sustentarse a sí
mismos, cuidarse, estar sensibles a las necesidades
de otras personas, recuperar la parte afectiva y sentimental
de su naturaleza, su capacidad de acogimiento... Si
no, seguiremos viviendo con un desequilibrio a nivel
social, psíquico y energético.
Las
mujeres llevamos más tiempo en el camino porque
el malestar ha sido muy intenso y devastador. Esa
represión por parte del patriarcado lo ha sido
tanto para los hombres como para las mujeres, pero
quienes la han sufrido en carne y la está sufriendo
todavía, somos las mujeres. Por tanto es necesario
levantarse y empezar a cuestionar “evidencias”
que se dan a menudo por supuesto, a revisar muchos
conceptos y actitudes y actuar, luego, en consecuencia.
Las mujeres llevamos haciéndolo mucho tiempo,
pero los hombres, al estar “cómodos”,
para qué iban a preguntarse nada. Pero ahora
están incómodos, están desorientados,
muchos están perdidos, y esta propia época
de confusión les permitirá también
empezar a caminar, a bucear en su mundo interior y
a transformar muchas actitudes y valores propios y
colectivos, maneras de ser, de pensar y de hacer.
Es decir, que todos y todas estamos en el mismo barco,
sobre el planeta Tierra, navegando por el espacio.
Y hay que hacer algo, responsabilizarnos cada uno
de nuestro papel y de nuestro desarrollo armónico
como personas.
OtraBCN
Háblanos sobre el poder del cuento o el cuento
como medicina.
Muriel
Los cuentos, efectivamente, son herramientas
terapéuticas muy útiles. Todo cuento
trata de la transformación de la psique, de
su poder de auto-transformación, de las fases
de evolución y de involución. Clarissa
dice que el simple hecho de escuchar un cuento ya
es curativo, porque entramos en un proceso de transformación:
pasando por las mismas pruebas, por las mismas complicaciones
y conflictos que el o la protagonista del cuento,
desarrollamos también los recursos, cualidades
o capacidades necesarias para lograr llegar a buen
término. Al leer el cuento hay un importante
efecto de sanación porque de alguna manera
conectamos con algo más profundo. Clarissa
enseña que los cuentos son una medicina. Ella
proviene de una familia que trabajaba mucho con los
cuentos; no los vivían como un mero entretenimiento
sino como una profunda medicina que había que
aplicar según los conflictos del alma o del
corazón de cada uno. Explica Clarissa que hay
tantos cuentos como enfermedades del alma o del corazón.
Hay que saber emplear la medicina adecuada, el cuento
apropiado, en cada caso concreto. Parte del efecto
curativo del cuento radica en su transmisión
oral, esto implica alguien que lo cuenta y alguien
que lo escucha. Es “de tú a tú”.
Allí se crea un flujo energético entre
el contador y el oyente en la que, según Clarissa,
el cuentista entra en una especie de trance donde
percibe intuitivamente lo que el otro necesita oír
para poder sanarse. Este intercambio energético
permite reforzar los lazos humanos. Y esto es también
sanador. Oyendo el cuento, nos identificamos con el
o la protagonista, dejamos que afloren miedos, emociones,
tristezas, preguntas y anhelos que podemos concienciar
a medida que estamos atentos al relato; aprendemos
a utilizar nuevas herramientas, a conocer las trampas,
a identificar los peligros... Los cuentos, dice Clarissa,
contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier
pulsión perdida. Son mapas que indican por
dónde ir. Están repletos de instrucciones,
de señales de lo que puedes o no hacer en un
determinado momento. Y además son “vitaminas
para el alma”, que te dan fuerza y te sostienen
en tu propio proceso. El alma, como todo lo que está
vivo, necesita cuidados, alimento, y vitaminas cuando
hay que hacer un sobreesfuerzo, y los cuentos se lo
proporcionan.
Por
otro lado los cuentos transmiten temas recurrentes
y universales, a través de un lenguaje simbólico.
Los mitos, los poemas, los cuentos son fragmentos
de ese mapa del inconsciente, de estas extensiones
salvajes de la psique profunda que, en un momento
de desorientación o de pérdida, hay
que consultar. Aunque no hace falta estar mal o sentirse
perdido para recurrir a los mapas, es bueno consultarlos
periódicamente, con una actitud consciente,
a lo largo de la vida, cuando quieres conocer mejor
tu territorio psíquico, tu espacio “salvaje”.
Clarissa comenta que los cuentos nos permiten encontrar
los caminos trazados por la naturaleza salvaje, sobretodo
los cuentos que recoge en este libro, son cuentos
para conocer y conectar con la naturaleza femenina,
contienen las instrucciones que necesita una mujer
para su desarrollo psicológico. Es una manera
de entrar en contacto con otro lenguaje, con otra
visión de nosotras mismas y con el misterio
de la vida. Todo cuento participa de esta transformación
de la psique, personifica esas tareas y es terapéuticamente
útil porque proporciona fuerza y significado
a nuestras vidas y nos ayuda a encontrar el camino
cuando todo parece perdido. Recurriendo al cuento
volvemos a participar de la naturaleza salvaje de
la psique. Basta con escuchar. No te piden que seas
nada, no te piden que hagas nada, sólo te piden
un oído atento y receptivo al lenguaje poético.
Ésa es la magia del cuento. Su lectura, su
escucha nos permite conectar con algo profundo. Los
cuentos sirven de guía hacia nuestro hogar
psíquico, nuestro origen, y la vuelta al origen,
o por lo menos, la aproximación al origen,
el sutil contacto con él, es lo que tiene poder
curativo.
OtraBCN
¿Este acercamiento al origen es una
forma de conectar con la mujer salvaje?
Muriel
Más bien, deberíamos decir
que es la conexión con la Mujer Salvaje la
que nos posibilita un acercamiento al Origen. Digamos
que lo que, en parte, enlaza este Origen con la psique
consciente son los arquetipos. El arquetipo de la
Mujer Salvaje es uno de los arquetipos, el arquetipo
femenino por excelencia, la salud de lo femenino.
Para Clarissa, la Mujer Salvaje es la mujer prototípica,
es el alma femenina y se canaliza a través
de las mujeres. Esta fuerza arquetípica engendra
todas las facetas importantes de la feminidad. Es
el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece
al instinto. Es la base, el fundamento. La naturaleza
sana, innata y fundamental de todas las mujeres. Recobrar
esa naturaleza salvaje es también volver al
origen. Esa mujer salvaje es básicamente lo
que ella llama la Loba, el arquetipo que sostiene
la organización de la psique femenina.
Creo
que gran parte de la espiritualidad femenina, es decir
de este acercamiento al Origen del que hablamos, es
esencialmente un viaje hacia la sabiduría de
la Tierra, de la naturaleza salvaje e instintiva,
es un viaje orientado primero hacia “abajo”,
en dirección descendente… Una espiritualidad
inmanente más que trascendente tal vez…
Y en este sentido, si la esencia del viaje espiritual
humano se define por la permanente transformación
de la conciencia, entonces las mujeres – y aquí
soy consciente de que hablo en nombre de pocas, demasiado
pocas todavía – estamos empezando, sin
duda, a vislumbrar y disfrutar del viaje.
OtraBCN
¿Podrías definirnos mejor lo
qué son y qué influencia tienen los
arquetipos en nosotros?
Muriel
Clarissa tiene una imagen que me gusta mucho
para explicar lo que es un arquetipo. Dice que es
una enorme fuerza misteriosa e instructiva a la vez.
Un arquetipo es siempre muy evocador, contiene instrucciones
psíquicas que atraviesan el espacio y el tiempo
y que recibimos al nacer. Los arquetipos están
de alguna manera al inicio de todo. Son las primeras
formas de nuestros potenciales superiores que ofrecen
su sabiduría a cada generación. Conectar
con un arquetipo implica conectar con una especie
de electricidad poderosa. Hay que saber cuándo
conectar y de qué manera, porque si no también
te puede destruir, pues un arquetipo es fascinante
y puedes quedar ahí “atrapado”.
Los arquetipos son los modelos primarios, los “tipos”
primordiales – arché-typon –, las
formas primeras que sirven de molde a todas las demás
formas. Son predisposiciones formales que organizan
la psique, principios organizadores.
Pero
a menudo confundimos “arquetipo” con “imagen
arcaica”. Las imágenes arcaicas provienen
del trasfondo mitológico, constituyen una herencia
filogenético, un legado colectivo. Las encontramos
en los mitos, en los cuentos o en los sueños.
Conectar con todo ese bagaje cultural es fundamental
porque en ello están dibujadas las líneas
de aprendizaje de todos los seres humanos, de alguna
manera allí está la experiencia pasada
común de la humanidad y su sabiduría.
Los arquetipos, ellos, son formas muy sutiles que,
más que provenir del pasado de la humanidad,
provienen de una dimensión transpersonal, atemporal,
de este origen del que hablábamos hace un momento.
Los arquetipos nos llaman a recordar nuestra verdadera
naturaleza.
OtraBCN Descríbenos a la Loba.
Muriel
Para mí la Loba es la que rastrea,
la que sigue las pistas, la que tiene afinados los
sentidos de la vista, el oído y el olfato.
La que explora territorios desconocidos, la que conoce
muy bien su territorio y se percibe perfectamente
a sí misma, tiene clarísimas sus cualidades
y sus límites son saludables.
Clarissa
describe la Loba como una Huesera, la que desentierra
y recoge los huesos, la que los junta reconstruyendo
el esqueleto entero de su vida, de su historia, y
luego canta sobre ese esqueleto para recuperar el
aliento vital. Su función es la transformación
de la propia psique de la mujer.
Tiene
muchos nombres. Es “la que sabe”, “la
que conoce”, “la que vive en la pelvis”,
“la vieja de dos millones de años”.
Es decir, es el meollo de la psique femenina. Es la
conocedora de los ciclos de Vida-Muerte-Vida. Es la
que sabe cuando algo tiene que morir y cuando algo
tiene que vivir, cuando tiene que vivir o morir una
relación, una actitud, un modelo de pensamiento,
una actividad...
Dice
Clarissa que cuando estamos perdidas es a la Loba
a quien hay que recurrir porque es la que sabe realmente
qué está pasando en los mundos más
invisibles y más complejos de la psique de
cada mujer. Es la revitalizadora de la psique. No
sólo la transforma sino que la revitaliza.
Hay que acudir a ella cuando nos sentimos desvitalizadas.
La Loba es la que nos ayuda a cultivar la vida interior,
a valorarla, a disfrutarla, y la que nos guía
y nos orienta en el mundo exterior, día a día.
En
definitiva, la Loba es la quintaesencia de lo femenino,
la mujer salvaje original, la guardiana del alma,
y la que rehace el alma “a mano”. Es un
arquetipo muy poderoso de la psique femenina. Es la
que nos enseña a conocer y a utilizar el propio
poder interior para recuperar el significado de lo
que hacemos y para aprender a sanar, tanto nosotras
mismas y nuestras relaciones, como también
en otro nivel más colectivo o planetario, pues
todo trabajo personal repercute en lo colectivo. Clarissa
dedica un capítulo a la Loba, a esa huesera
que recoge, en el desierto aparentemente yermo de
la psique, los huesos perdidos, recompone el esqueleto
y canta sobre él; el esqueleto de loba recupera
entonces la carne, el soplo, el aliento, se levanta
de pronto, cuando un rayo de luna o de sol lo toca,
y sale corriendo, transformado en una mujer libre
que, riendo a carcajadas, se aleja hacia el horizonte.
Algo muy hermoso. Y de esto es capaz la psique femenina,
de juntar, revitalizar y transformar lo que en principio
parecía muerto, fragmentado, desperdiciado
y perdido por los mil rincones del mundo. Esa enorme
capacidad de reestructuración que tiene la
Loba es lo que hay que conocer y aprender.
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